martes, 23 de agosto de 2011

Transformación


Mi primera transformación ocurrió de noche, mientras caminaba a casa a través de un bosquecillo desierto, mi casa se encontraba al pie de la montaña y yo solía hacer excursiones por los bosques circundantes y no era raro que volviera a casa de noche, al fin y al cabo conocía los alrededores como la palma de mi mano, expresión sin sentido ya que nunca la he mirado con detenimiento, y nunca había tenido ningún percance ni dificultad, hasta esa noche. Empezó con una ligera molestia en los dedos de las manos, aunque tal vez empezó por los pies que ya me dolían de la caminada, poco a poco fue aumentando hasta que me paré mirando mis manos sorprendida. El dolor se fue tornando insoportable, vi como mis dedos parecían contraerse, al principio lo atribuí al dolor y a la oscuridad, pero mis dedos estaban dejando de acabar en una suave forma redondeada para terminar cada vez más puntiagudos. La carne y la piel de la parte superior de los dedos (es decir la correspondiente a las falanges distal y media, en el caso del pulgar solo la distal) se me contrajeron hasta convertirse en polvo, como si se hubieran secado, dejando al descubierto los huesos, aun con las uñas pegadas a ellos. ¿Alguna vez se os ha secado la carne hasta convertirse en polvo? Pues duele, y mucho así que, como es natural, me pasé todo el proceso chillando histérica. Pero la cosa no paró ahí, las uñas empezaros a crecer y a cobrar forma hasta convertirse en garras totalmente negras. En ese momento empezaron a ocurrir bastantes cosas a la vez, mi estatura se redujo bastantes centímetros, pero ahora mis piernas y mis brazos eran bastante más largos en proporción a mi cuerpo, adelgacé varios quilos, pero mis músculos se fortalecieron, no hace falta decir que esto me produjo un dolor insoportable, mis pies aumentaron y tomaron una forma parecida a las patas traseras de un guepardo, la planta de mis pies se volvió tremendamente dura y las uñas también se me convirtieron en garras, a continuación sentí como si me estuvieran quemando viva, mi piel se volvió roja y se llenó de ampollas, para después curarse y adquirir un tono blanquecino que difería bastante de mi tono de piel natural, mi pelo se acortó y oscureció y por último, el fuego que antes había tenido recorriendo mi piel se trasladó a mis ojos, haciéndome derramar lágrimas de dolor, cuando todo aquello pasó mi vista se volvió mucho más clara, adaptada a ver en la noche. Estaba hiperventilando mientras intentaba recuperarme del dolor más horripilante que jamás había sentido cuando capté que veía demasiados matices rojizos. Me sequé las lágrimas y centré la mirada, mi ropa estaba hecha jirones prácticamente todo el cuerpo lleno de heridas, como si una bestia se hubiera divertido pegándome zarpazos….¡Zarpazos! entonces caí en la cuenta, me miré las manos y, efectivamente, tenía mis nuevas garras llenas de sangre. Pensándolo bien era normal que hubiera ocurrido eso, ¿Qué haces cuando te duele demasiado la cabeza? Simple: te llevas las manos a la cabeza y presionas, por si sirve de algo (por cierto, no, no sirve de nada), eso mismo había hecho yo pero por todo mi cuerpo, y obviamente no estoy acostumbrada a tener garras, ¿resultado? Una sangría.  Suspiré y decidí ir a casa, al fin y al cabo por alguna razón los zarpazos no me dolían, pero aun así no tardarían en hacerlo y si seguía sangrando sería peligroso para mi salud, por lo tanto debía apresurarme. Empecé a correr y, ¡era increíble! Más que correr parecía que volara, mis piernas me llevaban a la velocidad de la luz (obviamente es solo una expresión, simplemente iba muy rápido), me di cuenta de que mis reflejos habían mejorado bastante y mi cuerpo pequeño me permitía moverme con mayor facilidad por el bosque, además de tener mis zarpas para destrozar cualquier cosa que estuviera en mi camino y la base de mis pies tremendamente endurecida también ayudaba ya que gracias a ellas apenas sentía el suelo que pisaba. En resumen: llegué a casa en unos cinco minutos cuando normalmente me habría llevado cerca de media hora.
Al entrar por la puerta el escozor ya empezaba. Lo primero que hice fue quitarme lo que quedaba de mi ropa y tirarla, total, ya no me servía. Después fui al baño y me examiné en el gran espejo de pared que tenía allí, al verme casi vomité, si ya a la oscuridad de la noche me parecía que tenía demasiada sangre, con la luz de mi baño, tuve la sensación de que ya debería haber muerto ya que la cantidad de sangre que tenía por todo mi cuerpo era increíblemente grande, tanto que ni veía las heridas. Debí volver a entrar en estado de shock ya que mis heridas volvían a no doler. Lo primero era quitar toda esa sangre y curarme las heridas, el problema era hacerlo sin sangrar más ya que si seguía perdiendo sangre me desmayaría y ya estaba mareada de ver tantísima sangre junta. Decidí ducharme con agua helada, había escuchado que con el agua caliente la sangre fluye más rápido por lo tanto supuse que el agua fría haría el efecto contrario. Por suerte la mayoría de la sangre aún estaba fresca y sentía como resbalaba por mi piel mientras estaba bajo el chorro de agua helada con los ojos cerrados, supongo que cerraba los ojos por temor a ver mis heridas. En cuanto creí que la mayoría de la sangre había resbalado por el desagüe abrí los ojos dispuesta a enfrentar un cuerpo destrozado, esperaba ver pegotes de sangre seca, pero no esperaba lo que vi. En mi cuerpo no había ni una sola herida abierta, al contrario estaba lleno de pequeñas cicatrices que iban desapareciendo ante mis ojos. Me miré al espejo atónita, nadie habría dicho que había sangrado tanto, más bien parecía como si la poca sangre que quedaba esparcida por mi cuerpo fuera de otra persona, yo parecía normal y sana… excepto por las garras, los pies de guepardo, mi pelo, mis ojos y todas las demás transformaciones. Todo esto no lo necesito, ¿por qué está ahí? Pensé mientras cerraba los ojos totalmente confundida y exasperada. Entonces escuché como algo caía al suelo, abrí los ojos y allí estaba, una de mis garras en el suelo al lado de mi deforme pie. Miré mis manos y poco a poco se fueron desprendiendo todas las garras dejando a la vista otra vez mis huesos, ¡No me dolía! Tal vez esta transformación no fuera dolorosa, demasiado pronto para decirlo, ahí estaba otra vez el dolor insoportable, si que se te secara la piel y carne dolía que se regenerara era igualmente doloroso. No me entretendré volviendo a explicar que era lo más doloroso que me había pasado nunca, que lloré y que chillé… con decir que volví a la normalidad creo que basta (no se para que me molesto en decir que no lo explicaré si al final he explicado gran parte). Me sequé, acabé de eliminar la sangre seca y me metí en la cama, estaba exhausta.
A la mañana siguiente caí en la cuenta de todo lo que había pasado, ¿Cómo era posible todo eso? Jamás había oído hablar de nada similar… ¿Por qué me pasaba eso a mí? ¿Era realmente humana? ¿Mis transformaciones eran naturales o estaban causadas por el ser humano? ¿Yo era una especie de experimento o tenía una maldición? Cualquier respuesta a mis preguntas solo generaría más preguntas pero debía averiguar que me había pasado, pero… tal vez solo fuera un sueño, me convencí de ello y me relajé, todo eso no era posible, no había sido más que una horrible pesadilla, simplemente. Fui al baño a asearme y allí en el suelo, ¿Qué era aquello? ¿Zarpas? No podía ser, era una broma, miré la bañera y había sangre, corrí a examinar la papelera y ahí estaba, mi ropa, destrozada, llena de sangre, todo había sido real, me sentía mareada, como si me fuera a desmayar… y pasó. Al rato recuperé la consciencia, que sueño tan horrible, soñé que me había transformado, lo atribuía a un sueño pero luego era real… (Lo se me cuesta captar las cosas) Y ahí volvía a estar la ropa, la sangre, las zarpas, todo. Relájate, si sigues pensando que es un sueño acabarás volviéndote loca, acéptalo, ha pasado, ahora descubre cómo y porque.  Me dije en un burdo intento de relajarme, no lo conseguí, pero al menos ya lo había aceptado y tomado una decisión.

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