martes, 5 de julio de 2011

Otra cosa rara

Sabía que la muerte acechaba en cada esquina, la sentía, el suelo que pisaba estaba bañado de sangre y yo podía sentirlo. Incluso en la gran ciudad que vivía, no había ni un solo centímetro de tierra estaba extento de muerte y destrucción. Sentía, al pasear por las calles, los espíritus de la gente que había muerto, el dolor y el sufrimiento. Quería huir de todo esto, ser alguien normal y vivir creyendo que el mundo era hermoso, pero las dos pequeñas líneas negras que decoraban mi muñeca me recordaban mi condición, y sabía que jamás podría ser alguien normal.

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